
La chica solitaria se llama X y que el chico solitario K. Ellos no lo saben, pero sólo se tienen a ellos mismos. A nadie más.
Ella, por ejemplo, llega a casa sobre las tres y media cada día. Se tumba vestida en la cama y mira el techo de estrellitas de la habitación. Entonces, pasan rápidamente por su cabeza las cosas que ha hecho durante la mañana: ducharse, cepillarse los dientes, coger el metro, tomar el café pertinente en la cafetería, ir a clase y discutir con K acerca de la profundidad, o no, del amor.
Pero hay una cuestión en la que se detiene más tiempo, Z. Z es el chico del que está enamorada (no se conocen personalmente, pero X está enamorada de él.) Hoy, cuando X subía a clase por el ascensor, Z entró y se situó a su lado. No se lo podía creer, nunca habían estado juntos. Ella no quería que el ascensor llegara jamás al segundo piso. Su mirada. ¡Qué mirada tan bonita tenía Z! ¿Y su sonrisa? La más maravillosa. Sin embargo, Z no hizo ningún comentario durante el trayecto, parecía pensativo. Cada uno es como es, se dijo a sí misma. Cuando llegaron al segundo piso, Z se marchó indiferente por el lado opuesto a ella. Entristecida, le despidió con la mirada e inspiró fuerte para intentar retener su aroma.
X se quedó dormida sobre la colcha saboreando ese aroma a Z.
K nunca había tenido suerte en el amor, siempre se ha enamorado de la chica equivocada. Como aquella vez que se enamoró de la novia de su mejor amigo, o aquella otra que se enamoró de la chica presumida. Todo le salía mal. Por eso estaba siempre solo.
Le gusta ir a clase, porque así se siente acompañado, al menos rodeado de gente, aunque no pueda quitarse la sensación de soledad. Tiene varios amigos, L, M, D, con los que no habla nunca, con la única que habla es con X, una chica de su clase que también es solitaria como él. Quizá por eso precisamente. No es cierta esa teoría científica que dice que los seres solitarios se repelen como imanes por una cuestión de competencia. Al menos eso cree K.
Hoy X y K se han pasado media hora discutiendo sobre la profundidad del amor. El tema ha salido a la palestra cuando, en uno de sus intensos y repetitivos monólogos, X se ha puesto a explicar sus sentimientos por Z. Ella siempre le habla de Z. K le escucha con detenimiento, pero discrepa: la profundidad del amor no está en la atracción física, o al menos no sólo en eso, no es únicamente enamorarse del primer cuerpo bonito que pase por delante de nosotros. Ella, de todas maneras, está tan cegada por lo que siente por Z que piensa que el amor es una línea recta que va de los ojos al alma.
-Lo que siento por él –dice X con tono belicoso-, es como un vuelco del corazón. Me gusta su cuerpo, como se viste, como se peina. Eso es profundo.
-Pues a mí me parece todo lo contrario. Eso es algo físico y superficial. Una frivolidad. Tú, entonces, nunca podrías llegar a enamorarte de un tipo como yo, por la sencilla razón de que como soy tan poco atractivo, ni siquiera te fijarías en mí.
Ella le mira, se muerde la lengua y no dice nada.
-Por otro lado, te lo agradezco –continúa él-, ¡Qué horror si te enamorases de mí!
Durante unos segundos es solo silencio lo que escuchan. Después a ella empiezan a chirriarle los dientes. Él la mira desafiante y dice:
-Oye, ¿y por qué no podrías enamorarte de alguien como yo? Dime
-Yo no he dicho nada.
-Pero lo estás pensando, que es peor todavía.
-No pienso nada. Además, ¿Por qué te parecería horrible que me enamorase de ti? ¡Claro que podría enamorarme de ti! ¿Por qué te parecería un horror?
K no pudo evitar imaginarse en unas milésimas de segundo como él y X paseaban abrazados por una playa paradisíaca, descalzos y con la luna de fondo. Cuando por fin salió de su ensimismamiento, la miró a los ojos e intentó descubrir si ella tenía los ojos verdes o azules, la verdad es que en todos los años que llevaban juntos en clase, jamás se había preocupado en averiguarlo. Azules. Un azul verdoso. K la volvióa mirar y la encontró guapísima, con esos ojos azul verdosos tan penetrantes y con esa sonrisa tan maravillosa.
-¿Por qué te parecería un horror que me enamorase de ti? –repitió X.
K estuvo a punto de contestarle, estuvo a punto de decirle que…
Pero, entonces, giró la cabeza y pensó que otra vez se había enamorado de la chica equivocada.
Autor Fotografía: Kjunstorm

Quizá, un poco pesimista.
Nooo, ¿sí? ¿Es pesimista? No sé, Núria, igual sí. Sólo quería hacer un cuento sobre un tipo que siempre se enamora de la chica que no debe. Quizá, sí, quizá últimamente, sin pretenderlo, escribo la canción más triste del mundo, qué se le va a hacer.
¡¡¡Sabes que me alegra verte por aquí!!!
Quizá el equivocado era él. A veces tenemos delante a la persona idónea pero nos empeñamos en enamorarnos de la equivocada. El amor es imbécil por naturaleza.
“El amor es imbécil por naturaleza”, qué frase tan genial. ¿Me dejas que la utilice? Es brillante. Y sí, es muy probable que él también fuese el equivocado, si es que esta vida es una locura. Un abrazo muy fuerte, Elena.
¡Te dejo la frase! jeje
un beso
¡Gracias!
estoy de acuerdo en eso, tienes a la persona adecuada delante y te las ingenias con tu cabeza para buscarle defectos y dejar de estar enamorada y eso es lo peor que puedes hacer porque buscas los defectos del otro no los tuyos y lo peor de todo es que cuando ya no lo tienes es cuando te das cuenta y caes en valorar sólo las cosas buenas que tenia y no querías ver, por eso os digo que hay que aprender a querer más los defectos que las virtudes de las personas
No sé si hay que valorar más los defectos que las virtudes, pero de lo que sí estoy seguro es que hay que valorar pros y contras en su justa medida. Nos hemos equivocado y ya no hay marcha a tras, Cris. De todo esto deberíamos aprender para futuras relaciones, ojalá no volvamos a enamorarnos de la persona equivocada. Un abrazo de corazón.