Un puente a la esperanza

Green bridge1

Ella estaba a mi lado.

En el tren.

Llevaba unos auriculares,

Escuchaba música.

Yo también.

Le miré cien veces el escote.

Cien veces giré la cabeza antes

De que ella se diese cuenta.

Creo.

Nos miramos.

Sonreímos.

Y cada uno siguió a lo suyo,

Aunque eso no fuese del todo cierto.

Tosió.

Me rozó con el codo.

Mi cuerpo buscó el suyo.

Volvió a toser.

Nos miramos.

Le ofrecí un caramelo mentolado.

Siempre llevo caramelos mentolados encima.

Sonrió.

Y lo cogió.

Yo cogí otro.

Sonreímos.

¿Qué me quieres, ?, pensé.

Cada uno siguió a lo suyo.

Mientras pudo.

Yo no pude.

Ella tampoco.

Después de un rato le dije…

No, no, no le dije nada.

Lo pensé.

Pero no lo dije.

¿Qué me quieres, ?

La miré.

Me miró.

Quiero escuchar lo que escuchas

Hasta el día que me muera,

Esta vez sí me atreví a abrir la boca.

Se lo dije.

Sonrió.

Se sacó los auriculares.

Y me los dio.

No sabía qué hacer.

No saber qué hacer.

Me quité los míos.

Los auriculares.

Y se los di.

Todo lo mío es tuyo,

Pensé.

¡Y creo que se lo dije!

Sonrió.

Se los puso.

Me los puse.

Y allí nos quedamos,

En un vagón vacío

El uno junto al otro,

Escuchando una música

Que no nos pertenecía.

Ni a mí.

Ni a ella.

Y ahí quedamos.

Ninguno de los dos

Cayó en la cuenta de que hacía

Rato que había pasado nuestra parada.

¡Qué más daría!

Fuimos hasta el final,

Llegamos al final,

Y después volvimos

Otra vez todo el camino.

Atrás.

Y luego adelante.

Otra vez. Y otra.

¿Quién tenía prisa por llegar a casa?

Autor Fotografía: Francisco Diez

  • http://www.norkingilbert.com Norkin Gilbert

    Sabía que iba a acabar esta etapa con este poema. Sé que no es muy bueno, pero le he cogido mucho cariño porque lo escribí (in situ) en el único momento divertido de estos últimos cinco días. No he querido tocar ni una sola coma. Me gusta porque es una historia cierta que me demuestra que puedo encontrar la felicidad en el sitio que menos me lo espere. Además, me parece un poema “alegre”. Y las despedidas siempre deberían ser alegres, y no todo lo contrario. Yo me llevo todo lo bueno de los momentos que hemos pasado juntos y de los malos ya ni me acuerdo (¡hay que joderse que mala memoria tengo para eso!).

    Volveré a este blog, quizá mañana mismo, aunque es muy probable que pasen varios meses. Y volveré con energías renovadas y con ganas de seguir este diálogo que mantenemos, vosotros y yo. Escribir no tiene mucho sentido si nadie te lee, ¿verdad? Sé que volveré. Sólo espero que cuando llegue ese momento, yo esté preparado para que en mi mundo quepan más personas, para que nadie se quede fuera y podamos seguir aprendiendo los unos de los otros, como hasta ahora.

    Me despido con un chiste, para intentar que os vayáis con una sonrisa en los labios:

    ¿Sabéis cuál es la diferencia que hay entre un pene y una silla?
    ¿NO?

    Pues tened cuidado donde os sentáis porque…

    ¡MIL ABRAZOS PARA TODOS! ¡SED FELICES, HACED EL AMOR!