
Desde hace algún tiempo el chico sospecha que cada vez que escribe, la realidad se transforma. Sí, es algo difícil de explicar, como si el mismo proceso de escritura metamorfoseara su vida.
Empezó a escribir como método de terapia recomendado por la psicóloga del centro. Y como el chico no tenía familia (a su madre se la llevó la droga y al padre y al hermano fue la mala cabeza la que se los llevó directos a la cárcel) y como todo su mundo era de esos que llenarían de lágrimas al más insensible de los mortales, cuando se decidió a coger el lápiz y el papel, lo primero que narró fueron historias totalmente opuestas a la suya. O sea, que por ellas desfilaban familias unidas, copiosos desayunos con sonrisas por todas partes y maravillosos cuentos para ir a dormir, cuentos que nutrían a los sueños de una felicidad casi infinita. ¡Ah, y muchos besos! Siempre había besos en lo que el chico escribía.
Sin embargo, desde hace algún tiempo el chico sospecha que cada vez que escribe, la realidad se transforma. ¿Que cómo ha llegado a esa conclusión? Pues muy sencillo, ahora cada día al levantarse su madre le da un beso en la mejilla, su padre una palmada en la espalda y con su hermano juega durante horas. En cuanto a él, bueno, ahora se ha convertido en el personaje principal de su propia novela. Y no os quepa la menor duda de que si es él el que la escribe, tendrá un final feliz y llenará de sonrisas a los lectores. Podéis apostar lo que sea.
Autor Fotografía: Horia Varlan
