
El tipo era tan frívolo que crecía tres palmos cada año. Al cabo de un tiempo era casi imposible ver dónde acababa. Él disfrutaba viendo el mundo desde su perspectiva aérea. Las personas eran como hormigas. Sin embargo, ese estatus le mantenía cada vez más alejado de sus paisanos, dificultaba en demasía la comunicación con la plebe. Un día, desde los cielos, creyó divisar un cuerpo diferente que se movía con elegante gracia. Tuvo que utilizar prismáticos para caer en la cuenta de que se trataba de una hermosa muchacha. ¡La más hermosa que jamás hubiese imaginado! Obvia decir que se enamoró al instante. Intentó llamarla, pero a la chica no le llegaban voces de tan arriba. Le envió cartas que, en el infinito espacio que los separaba, se perdieron. Así fue como el tipo frívolo deseó perder metros de estupidez, para ir en busca de su amada. ¡Y lo logro! No sin un esfuerzo sobrehumano, claro está, pero el caso es que, poco a poco, fue tocando con los pies en tierra. El problema fue que a medida que él menguaba, la chica crecía y crecía, convirtiéndose a los pocos meses en una de tantas frívolas que surcan los cielos.
Autor Fotografía: kurtxio
