
Termina su jornada laboral y se dirige al Pub de Penny, que sirven una pinta para morirse. El tipo llega aún sudoroso, coge asiento en la barra y le basta con levantar un dedo para ver delante de él una gran jarra helada.
A veces recuerda los tiempos en los que no le gustaba el alcohol. Lo detestaba. Es más, era uno de esos defensores de la vida sana, verduras, pescados, agua y algo de ejercicio. Vida sana. De eso hace ya mucho, ahora piensa que no hay nada más sano que una fría cerveza después del trabajo. Le ayuda a relajarse, a desconectar, a empezar bien el día que ya se acaba. Algo para picar y líquido burbujeante que refresca la seca garganta.
Hace algunos años que para en el Pub de Penny antes de enclaustrarse en su piso. El trabajo le agota, es cada vez más duro y las canas no perdonan. ¿Qué hay de malo en olvidar un rato lo urgente y disfrutar un poco?
Ketty, que es la hija treintañera de una Penny que se fugó hace una década con un marine romántico, le da conversación suficiente. Él apenas habla, ella es capaz de hablar hasta de la reproducción de los anfibios en Malasia. Es un torbellino que acribilla, pero tan alegre que entusiasma. Él se puede pasar horas escuchándola tratar temas absurdos o carentes de importancia. Entre palabras una pinta da lugar a otra. Y otra a otra, y así sucesivamente. Él acaba feliz. Es capaz de marcarse unos pasos al son de los vídeos musicales que dan por las diferentes teles del local. Ketty le ríe las ocurrencias en esos momentos de desfase.
Entre risas el tiempo pasa y pasa y se acerca la hora del cierre. Ketty le prepara la última. Esa ronda la paga la casa. Incluso ella toma algo, algún licor de manzana verde con vodka. Para entonces la puerta ya está cerrada y las luces semiapagadas, la música se ha ido y sólo quedan sus voces. Sus voces en la penumbra.
Comen cacahuetes, que es lo único que queda, y el tipo cuenta chistes que se inventa sobre la marcha, absurdos la mayoría, aunque ciertamente elocuentes y chisposos, como él. Ella ríe sin parar. Se llevan veinte años, pero en esos momentos poco o nada importa la edad.
Llega la hora de marcharse, entrada la madrugada, cierran el pub y en la calle se dan la mano y las gracias. Se despiden mirándose a los ojos, haciendo de un segundo la eternidad. Ha sido una velada agradable. Como la de ayer, como la de la semana pasada…
Cada uno se va por su lado. Ella gira la mirada hacia atrás de vez en cuando, con la esperanza de encontrar la de él. Él camina envuelto en una mezcla de sentimientos, alegre y triste de nuevo, hoy tampoco se atrevió a pedirle que lo acompañara a casa. Se jura entre dientes que de mañana no pasa. De mañana, no. De mañana no pasa.
Autor Fotografía: lmnop88a

Este relato es el que más me gusta de todos, es corto pero intenso, me encantan las 5 últimas líneas.
Enhorabuena por tu blog! No dejes de escribir nunca.
Pequeña sister
Bueno, después de las vacaciones sienta bien leer este tipo de cosas y volver al mundo real. Este es el relato que más me gusta, aunque el de nueve minutos me pone la piel de gallina. Un saludo y siempre es un placer pasarme por tu blog. Ahora toca escribir, pero no me apetece mucho, así que me digo entre dientes, de mañana no pasa. De mañana no pasa.
Hola, Gemma, muchas gracias por tu comentario y enhorabuena por ser nuevamente finalista del concurso de relato histórico.
El Pub también es mi relato favorito, nació como un poema, lo escribí de golpe, no más de 10 minutos, y desde que lo terminé supe que era especial. Son dos personajes entrañables y muy reales. Sí, como la vida misma.
Suerte como tus nuevos relatos! (No lo dejes para mañana, escribe hoy, que mañana nunca llega)
Hola:
Soy una lectora de tu encantador blog, en el que tu talento, es el culpable de que yo me haya enganchado a leerte.
Me encantan los relatos cortos, por eso me he aficionado a los tuyos, comparto con mis amigos del facebook, tu página espero que les guste tanto como a mi.
A parte te tengo como blog que sigo en el mio propio en el que intento plasmar historias de la vida misma. Me gustaría tener más tiempo que dedicarle pero bueno, el trabajo impide disfrutar de tiempo libre. Peor en estas fechas.
No me quiero extender más solo que me encanta tu blog, divertido y dinámico.
Gracias por hacerlo para nosotros.
Rosa