
Hace unas semanas tuve la suerte de que la Editorial Maeva me invitase al preestreno de Flor del Desierto, película de Sherry Hormann cuyo guión se basa en las memorias de Waris Dirie, publicadas por dicha editorial.
No había leído el libro, la verdad. Y eso que durante años lo he vendido en un goteo constante y fiel (lo que significa que el público lo ha ido recomendado y que el boca-oído ha surtido su efecto). Por alguna circunstancia, que ahora mismo se me escapa, ese libro nunca me resultó atractivo. Así que ni siquiera le di una oportunidad.
La película narra la fascinante vida de Waris Dirie, desde los desiertos de Somalia a las pasarelas de medio mundo, pasando por las portadas de las revistas de moda más importantes del planeta. Dirie escapó a la edad de 13 años de un matrimonio de conveniencia, abandonando familia y país, para trabajar de criada en la Embajada Somalí de Londres durante sus años de adolescencia. Cuando los conflictos armados de su país obligaron a evacuar la embajada, ella prefirió vagabundear por las calles londinenses antes que volver a una tierra que amaba profundamente, pero que no entendía. No entendía sus costumbres, ésas que obligan a la ablación en niñas o a los matrimonios pactados, por ejemplo. O sea, a costumbres arraigadas en la cultura de su pueblo que ella tuvo que padecer en sus propias carnes antes de huir.
De ahí en adelante vemos la lucha de la joven Dirie, más que por sobrevivir, por triunfar en la vida, por vencer al destino, por convertir su dura realidad en un cuento de hadas. Y su empeño da resultados, aunque muy probablemente muy diferentes a los que ella misma hubiese podido soñar. Se convirtió en una de las topmodel más reconocidas del momento de la mano del fotógrafo Terence Donovan, que la descubrió cuando ella trabajaba limpiando suelos en un establecimiento de comida rápida. La fama y el dinero no le hicieron olvidar el sufrimiento que miles de mujeres tienen que pasar a diario en territorio africano. Es más, empezó a utilizar sus influencias para ayudar en todo lo que pudiera.
Fue nombrada embajadora de las Naciones Unidas a favor de los derechos de las mujeres y los niños de África. Desde entonces ha conseguido que se prohíba la ablación en 14 países africanos.Todo un logro, aunque las cifras siguen siendo escandalosas: más de 8.000 niñas sufren a diario este tipo de prácticas. Unas 2.000 de ellas morirán a causa de ello, según la ONU.
La película, con sus pequeños defectos, es cautivadora, elegante, dura y tan divertida como el tema que trata se lo permite. Conmueve por momentos y consigue, sin ningún género de dudas, su propósito, que no es otro que el de alertar y sensibilizar a la sociedad sobre un tema tan duro como es el de la mutilación genital femenina. Yo salí del
cine con indignación hacia el género humano. Con rabia. Con impotencia. Cogí el libro Flor del desierto y lo leí de un tirón en las siguientes horas. Si la película merece la pena de por sí, les aconsejo, de verdad, que le echen un ojo a la biografía novelada que hace Waris Dirie. El libro es un homenaje a la valentía, al coraje y un grito mayúsculo contra la injusticia. Una narración muy necesaria.
Les digo una cosa, me dio lástima terminarlo. Primero por la historia. Por sus personajes. Y segundo, porque sabía que en el momento que cerrase las tapas, yo tenía que coger el relevo y defender una causa, que no sé a día de hoy si voy a ser capaz llevarla a cabo. Esto es: ayudar a difundir el hiriente tema de la ablación en el continente africano, así como la situación de la mujer en el resto del mundo. Esta entrada pretende ser mi primera aportación. Si una cosa queda clara, en mi interpretación de las palabras de la Sra. Dirie, es que el principal problema sobre el asunto es la ignorancia, más que la maldad. Las cosas se hacen como se hacen por tradición, y porque a falta de una cultura más plural y abierta, las raíces parecen ser lo único que importa, por mucho que el Corán, en este caso, no haga mención alguna a este tipo de actos.
La ignorancia también nos afecta a nosotros, que somos los mayores desconocedores de una terrible realidad ante la cual deberíamos alzar la voz. La frase que más escuché a la salida del cine fue: <<qué suerte hemos tenido de haber nacido aquí>>. Pues, sí, claro; claro que hemos tenido suerte, pero eso no nos inhibe de ayudar a los que no han tenido tanta.
Desde Books Center Librerías queremos aportar un diminuto grano de arena. Por esa razón, recomendamos (y les pedimos) a nuestros clientes que se acerquen a los libros de Waris Dirie, que se informen sobre el tema y que, en la medida de lo posible, transmitan su mensaje. No sé si con ello conseguiremos ser mejores personas, pero de lo que sí estoy seguro es que ayudaremos a que otras personas puedan vivir con una dignidad que nosotros ya poseemos.
Autor Fotografía: babasteve

Qué buena pinta el libro y la película. Valiente mujer. Estoy de acuerdo en que la principal lucha es contra la ignorancia. Y precisamente por eso es tan difícil. La ignorancia es la reina de la humanidad, y no es nada fácil destronarla.
Así es, Elena. Pero, joder, me llena de energía gente como Waris Dirie, lucha con todas sus ganas por remediar un mal establecido. ¡Qué güevos! Además, si la ves en persona, alucinas, no sólo por lo guapa que es, que también, sino porque no para de sonreír. ¡Con todo lo que ha pasado en la vida! ¡Qué arte!
Mi querido Raul. Como bien dices el boca-oido funciona, o en este caso ha sido al leer lo que dices de él, que el próximo día que visite tu librería, me lo traeré como compañero de mesilla. Es curioso que escribí hace poco una historia de un niño de Chad y pensé en el título “prohibido pisar las flores”. ¿Será que las flores y Africa querrán ser el único punto de anexo? pero viendo la portada… dan ganas de ir a ver la pelicula. Me gustan las peliculas con mensaje y me temo que esta me dará muchos de ellos. Un saludo.
Ya verás, Rosi, como el libro no te defrauda, es duro, pero también tiene momentos divertidos. En la película se han resaltado todos esos puntos de humor y funcionan muy bien como relajante ante tanto sufrimiento. Saludos.
Yo también compraré el libro para leerlo. Este tipo de testimonios resultan inpiradores y te mueven a tomar conciencia de otro tipo de realidades.
No nos olvidemos tampoco que esta realidad está mucho más cerca de nuestro pequeño mundo de lo que imaginamos y que, debido a la inmigración, estas costumbres están tratando de acomodarse en nuestro entorno. Algunos gobiernos autonómicos, como el de Cataluña, está luchando muy eficazmente para extinguirla por completo.
Muchas gracias, Raquel, por tu comentario. Lo cierto es que sí, que muchas veces un libro, una película o una simple noticia, te pone las pilas y te abre los ojos a una realidad que no es tan bonita como la que todos nosotros gozamos (de momento, porque, como tú bien dices, cada vez se va acercando más a nuestro territorio).