Carta a Elayne

Tanques trituran una patria.
Echan abajo los muros que la limitan.
Olor a guerra,
A enfermedades que vendrán.
Lucha a cara de perro.
Un sol que despierta triste,
Noche estrellada en dolorosos fuegos artificiales.
Un soldado, que tiembla, escribe una carta.
Amor no correspondido.
Hace días que se esconde en un edificio.
O en lo que queda de él.
No alberga esperanzas de volver a casa.
Y mata, nacido para eso, el tiempo escribiendo.
La destinataria se llama Elayne.
Siendo apenas unos críos se besaron en una playa.
Ahí quedó todo.
Ella se habrá casado, tendrá hijos.
Piensa él.
Le escribe y le cuenta cómo, cuán diferente
Habría sido la vida de ambos
Si aquel beso hubiese continuado.
Rellena una libreta entera.
Letra pequeña, muy pequeña, casi imperceptible.
A veces a lágrimas, a veces a carcajadas.
Visitaron en aquellas líneas
Los lugares más remotos del planeta.
Sitios donde la paz no era utopía.
De la mano caminaron caminos mágicos,
Llegaron a pueblos prodigiosos,
Aprendieron sus lenguas.
Vieron puestas de sol radiante para las
Que no encontró palabras que le hiciesen justicia.
Felicidad.
Etcétera, etcétera, etcétera.
Fuera, todo igual,
Bombas que siguen cayendo,
Balas que silban muertes.
Sueña en tantas ocasiones con el final
Que queda clavado en la memoria.
Así debería ser.
Días después de su muerte,
Cuando el hambre victorioso le haya impedido
Escribir y respirar, lo encontrarán tendido,
Abrazado a un cuaderno azul, dibujado en letra diminuta,
Que pondrá: una carta para Elayne.
Al lado una rosa de origami.
Sueña con ella muchas veces.
Sueña que ella abre el pesado sobre,
Todavía en el jardín, sin entrar en casa.
Sueña que ella lee la carta.
Sueña que ella se emociona.
Sueña que ella desea que lo escrito
Sea el destino que aguarda.
Así debería haber sido.
Mas un día, cuando el final esperaba con dientes afilados,
Una explosión derribó lo que del edificio quedaba,
Dejando ileso y al descubierto al chico tumbado,
Abrazado a un cuaderno azul, a una rosa de origami
E inconsciente.
Quiso un dios honesto que lo rescatara un escuadrón,
Más especializado en socorrer que en aniquilar vidas.
Despertó en un hospital tres semanas después,
A miles de kilómetros de su escondrijo.
El rostro de Elayne fue lo primero que le vino a la mente.
Sus labios y ese beso infinito que lo había salvado.
Sin embargo, le entró miedo.
¿Qué haría ahora?
¿Tendría la valentía suficiente para luchar por su vida?
¿O pondría pies a lo soñado?







